Maria F. Serra de Casa Usher en Barcelona. En la librería siempre siento que estoy donde quiero estar

Me llamo Maria F Serra y soy librera.

Hace aproximadamente tres años empezamos, Anna Arranz, Gerard Granados y yo un proyecto que se convertiría en la librería Casa Usher de Barcelona y que abriría sus puertas en marzo del 2015.

Foto de Pau Roig

Nuestra premisa era montar la librería que a nosotros nos gustaría encontrar, y que a grandes trechos significaba tener un buen fondo, una selección de editoriales y novedades, una agenda de actos variada e interesante y unos libreros de oficio.

Así es que con el apoyo total de nuestras familias, de muchos de nuestros amigos, de diferentes agentes del sector y de una campaña crowfunding en la plataforma totsuma pudimos arrancar un proyecto que consideramos vital y en el que creimos básicamente porque creíamos también en nosotros mismos y nos habíamos elegido los unos a los otros para ello, y porque compartíamos gustos, ganas y emoción.

Des del comienzo del plan me pareció que nuestra apuesta era buena, pero también que sería complicada, dura y sacrificada. Sobre todo en sus inicios, en los que todo era nuevo, de todo teníamos que aprender, todo se tenía que arrancar e inventar y crear de cero.

El local, las obras, los suministros, los muebles, los proveedores, los catálogos, la base de datos, el banco, los papeles, las normas, … desde lo más pequeño hasta lo más grande.

Y llegó la fecha de la inauguración, un día raro lleno de sentimientos encontrados y en el que lo que hasta ahora era muy tuyo pasa a estar abierto para todos, y el día siguiente que es el día uno y que todo empieza de nuevo y te pilla cansada, con nervios, con inseguridades y con la emoción de “aquí estamos, lo hemos conseguido”.

Ser librera me gusta por muchas cosas.

Porque estoy entre libros y trato con la gente que también lo está. Porque mis clientes son lectores.

Porque es algo que en parte me define, más allá de la profesión y porque en la librería siempre siento que estoy donde quiero estar.

No sé cuando decidí que quería ser librera. Sé que crecí entre cuentos y libros, que siempre estaba escribiendo (alguna vez dije querer ser escritora) y que me gustaba mucho ir a librerías. Mis primeros recuerdos están vinculados a mi abuela Pilar, acompañándola a tres librerías que ya no existen: la Austral, El cinc d’oros y Ancora y Delfín.

Pero me temo que no hubo un día que dije “voy a ser librera” sino que fue llegando de forma natural y un diciembre de 1996 empecé, para continuar como mínimo hasta hoy.

Así es que a los doce años no decía que quería ser librera, ni escritora, ni mucho menos editora y en cambio en todos estos años he estado en librería, en editorial y en distribuidora, de lo que entonces casi nada sabía… cuando tenía doce años lo que decía era que quería ser madre.

Me cuesta contarle a alguien que no conozco por qué me gusta mi oficio y esto es porque hay muchas cosas, pero la base de todas viene del sentimiento. Y los sentimientos se sienten y cuestan contar y también a veces sentir.

La librería me mantiene viva, me hace ser como soy y me puede hacer mejor. Ser librera me define, me aporta y me permite compartir en letras mayúsculas. Y me hace sentir segura y por eso me hace sentir bien, porque si de algo sé es de esto y porque cada día puedo aprender.

Y siguiendo con los que no conocen, con los que no han trabajado en una librería pero han estado como lectores, les hablamos de nuestro oficio y les bajamos del pedestal.

Yo no sé cómo son los otros sectores profesionales, siempre he estado en este, pero la mayoría tiende a ver solamente la parte romántica. Yo les diría que la hay y que por ésa estoy donde estoy.

Pero el día a día es muy distinto: albaranes, abonos, facturas, paquetes, clientes, editores, comerciales, ponentes, artistas, escritores, teléfono, correo, mail, web y redes, prensa, reseñas…

Eres administrativa, gestora, recursos humanos, contable, gerente, chica de almacén, compradora, vendedora, community manager, presentadora, …

Todos los días, con las puertas abiertas, más de diez horas. No sé si me dejo algo, seguramente sí, pero des de luego lo que he puesto, está.  Y la que no está es la mejor, la de lectora, que queda para cuando vuelves a casa y ya no te aguantas y ves a ver cuánto rato le puedes robar a tu sueño.

La imagen que creo que tienen las personas sobre el librero es que está trabajando cuando está atendiendo, cuando tiene clientes, y les está aconsejando, cobrando o empaquetando.

El resto es tiempo de lectura o de charla, si te vienen a ver.

Eso sí, estar abierto de cara al público te permite ver de todo y terminas por ponerte una coraza para algunos y dejar que pasen cosas para otros.

De anécdotas y rarezas tienes para escribir un libro ¡al año!, de hecho ya hay quien lo ha escrito. Pero hay una cosa que pasa bastante a menudo y que nunca deja de sorprenderme, y son las personas que entran en la librería, vienen  hasta ti y te preguntan ¿oye, esto qué es?

Y no diría que pierdo el entusiasmo porque mal iríamos, pero hay dos frases que se repiten sin cesar y que resultan desoladoras. Una es que los libros son caros. La otra es pedir descuento.

Hay veces que sigues fiel a tu discurso pedagógico y les explicas cuántos comen de un libro, cuánto cuesta hacerlo, cómo se reparte y que el editor suele cubrir solamente en la primera tirada.

Y del descuento les cuentas que en el mejor de los casos tienes un 30% para librería, y que con eso hay que pagar todo lo que no son libros. Y te preguntas por qué la gente no tiene ningún reparo en pedirte un descuento a ti y no lo hace cuando va a comprar el pan o entra en el Corte Inglés.

Por no hablar del día de Sant Jordi y su descuento: que yo sepa somos el único sector que el día en el que más se vende de su producto no solamente no lo encarece, si no que va y hace un descuento. Ni las rosas en ese mismo día, ni la mona de pascua para semana santa, ni el marisco para navidades, ni el rosco de los reyes magos…

En fin, dejo este punto que da para tanto, y cierro está parte más desalentadora con que es lo peor que me ha pasado y que es, sin duda, no haber sabido y haber perdido en lo más importante.

Es todo lo que puedo decir.

Lo mejor como librera está con esos lectores con los que creas complicidad, intercambias, creces, descubres, te entiendes, y siempre vuelven. Cuando alguien te da las gracias por haberle descubierto un autor, por lo que le aconsejaste para regalar y que gustó tanto, o por el espacio que has creado cerca de su casa. Cuando te dicen que tienes una librería muy bonita, que les encanta lo que has seleccionado, que encuentran cosas distintas, y que eras tan necesaria en su barrio.

Cuando recoges de lo que has sembrado pues, como todo en la vida.

Y también algunas veces con algunos de los actos que organizas. Cuando traes a alguien con quien te sientes cómoda y no dejarías de conversar y ves que la gente está metida y forma parte de eso, o cuando un Club de Lectura te sale redondo, o un recital ha llegado más. Cuando la gente sale y te da las gracias y te felicita y te dice que volverá.

Cuando suena el teléfono y alguien te da la noticia de que sí te va a traer a quien pediste o cuando recibes un mail de un autor, un editor, un profesor, un bibliotecario o un periodista.

Esos son también los mejores días.

Si puedo tomarme un descanso, son menos los que puedo que los que quiero, me dedico a estar con los míos y a tener vida social elegida. Y me dedico a estar por mí. Y a leer.

El futuro de mi profesión va ligado a muchas cosas, así es que es difícil de predecir.

El sector del libro nunca ha ido muy bien, hemos sido un poco de fuegos artificiales, y a pesar de que tenemos fama de refunfuñar e incluso llorar, nunca ha ido tan mal.

Está ligado íntimamente a la lectura, por supuesto. Y aquí, el trabajo es de muchos. Nosotros hacemos nuestra parte, leemos y aconsejamos, escuchamos y miramos.

Y después está el funcionamiento del sector:

Las cosas que hace mil años que se dice que tienen que cambiar pero no cambian. Una, como ejemplo: la media de cinco viajes de cada libro que sale al mercado (sin contar el último, aparentemente y para los más afortunados, que es el de irse a casa).

Las cosas que no sé si alguien dice que van a cambiar pero que claman al cielo. También, como ejemplo: lo que se llega a editar en cantidad (la calidad, es otro capítulo).

El saber valorar el trabajo de cada uno de sus agentes, la profesionalidad, la experiencia. Y tener más sentido común. Sirva de ejemplo un político ocupándose de una campaña de fomento de la lectura (¡virgen!)

Y muchas cosas más, casi todas relacionadas con que tengamos todos claro que todos estamos en el mismo barco, cada uno con lo suyo.

Ya me gustaría que el problema fuera de libro digital, de soportes para la lectura e incluso de piratería. Todo eso puede convivir y es necesario que lo haga con el libro. Para unas cosas el papel, para otras la pantalla, y menos lobos caperucita.

Que si va a pasar esto o esto otro que ya pasó con la música: tengo 43 años y he visto los vinilos, los casetes, los cd, los mp3, los ipod, otra vez vinilos… y leo en el mismo soporte que lo hacía mi abuela (y en ocasiones, los mismos títulos también). Leo libros porque me parece el mejor invento, por el negro sobre blanco, el papel, las cubiertas, el olor, el tocar, … para todo lo demás, está el digital.

Así es que creo que seguiremos y que, repito, en ningún caso moriremos por ahí.

La respuesta más fácil de todo el cuestionario viene ahora: si un día logro jubilarme querré pasar el tiempo que me queda… pues leyendo, básicamente. Espero que la vista me acompañe.

Y el último libro que he disfrutado especialmente ha sido HORAS EXTRAS de Atxaga, que ha vuelto en una edición preciosa de Hurtado&Ortega. Muy recomendable.

Y lo que me gustaría añadir son nombres, aun sabiendo que me voy a dejar alguno.

Porque no solamente en este proyecto sino que a lo largo de mis 21 años de profesional en el sector ha habido personas que con su compañerismo, su ayuda, su complicidad y su experiencia me han ayudado a llegar donde estoy. Y a ser quien soy, en lo profesional y en lo personal.

Y porque he tenido la oportunidad de hacer verdaderos amigos.

Rubén, Ricard y Mar, Monipeni, Elena, Núria, Laura, Carme, Malena e Iban. Con todos ellos he trabajado, a algunos los he tenido como jefes, como compañeros e incluso he sido su jefa. Un poco de todo.

Enrique, Diego, Luis, Laura, Aniol, Silvia, Maria y otros editores que están siempre con un sí.

Xavi, Isidro, Fernanda, Dolors, Jordi, Marc, Juanma, Berna, Octavi, Antonio, David y Oscar y otros comerciales que acompañan en el viaje.

Fe, Olivia, Paula y Xavi como representantes de tantos libreros dispuestos a compartir y echar una mano.

Marc y Bihi, comiendo aparte.

Y por supuesto los ushers, Annie y Ger.

Datos de contacto

Casa Usher está en la calle Santaló, número 79, del barrio de Sant Gervasi de Barcelona.

Nos podéis encontrar en el 935466111, en

casausher@casausher.com ,

www.casausher.com ,

y en las redes facebook + twitter + instagram+ blog

Pero lo que más nos gustará es que vengáis a encontrarnos en nuestra librería.

Gracias

 

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