Los libros, depósitos de recuerdos. Anjel Lertxundi

Hay quien guarda entre las hojas de los libros billetes de autobús, entradas de cine, tarjetas de embarque; mi difunta abuela tenía su misal lleno a rebosar de estampas de familiares fallecidos que guardaba entre sus páginas. Los libros se convierten así en depósitos de recuerdos, y si un día se abre el libro, un billete allí guardado nos trae a la memoria un viaje hecho mucho tiempo atrás, junto con la lectura que nos acompañó durante el vuelo.

Los libros que he leído son testigos mudos de mi vida, en ellos están mis principales secretos. (Anjel Lertxundi; Este muro de hielo; Erein, pag. 146)

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