Al no requerir el contacto físico para comunicarnos, hemos perdido la empatía. María Martinón

Leo una interesante entrevista a María Martinón, directora del Centro de Investigación Humana, en El País Semanal.

Merece la pena leerla entera.

Os dejo aquí cuatro, como aperitivo, cuatro pinceladas.

  • La idea de que nuestra especie ha hibridado [ha tenido hijos con otra especie] ha roto muchos esquemas no solo biológicos, sino también sociales y culturales. Estamos inmersos en un momento político en el que imponemos fronteras, pero hubo un tiempo en el que llegamos a tener descendencia con una especie diferente. Tenemos barreras entre nosotros que son más difíciles de franquear que aquellas que dictaba la propia biología. Por eso este descubrimiento ha supuesto una revolución, una contextualización de la diversidad.
  • La fortaleza de nuestra especie es la sociabilidad. Más importante que tener salud es estar en un grupo que cuide de ti, y que tenga los recursos para acceder a esos cuidados. La fuerza y la presión social, las relaciones que mantienes, cómo estás de conectado y con quién tienen muchísima más importancia ya que la fuerza física del individuo. Somos la especie que ha llevado al extremo la cohesión social; somos capaces de establecer vínculos muy profundos, incluso que dictan comportamientos, con gente a la que no has visto nunca o que vivió 2.000 años antes que tú. Sigues a líderes, filosofías o religiones fundadas por personas a las que no conoces. El ser humano, en el contexto de otros primates, es hipersocial, se ha liberado completamente de la necesidad de la proximidad física para mantener lazos con sus semejantes. El individuo, por sí solo, ya no es nada. La sociabilidad es nuestro salvavidas.
  • Nosotros hemos cambiado muy poquito; hemos transformado el mundo, pero seguimos siendo aquel humano de hace 200.000 años perfectamente adaptado para cazar, vivir al aire libre y hacer mucho ejercicio físico, pero nuestro estilo de vida ahora es sedentario. Se ha producido una disociación entre la biología y la tecnología. Además, al no requerir el contacto físico para comunicarnos, hemos perdido la empatía. Es mucho más fácil ser indiferente al sufrimiento si no lo ves a tu lado. Es la doble cara de la hipercomunicación; nos hace fuertes, pero quizá, individualmente, nos ha podido empobrecer.
  • como decía Martin Heidegger, la forma suprema de saber es la pregunta.

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