La calma es mi libro. Juan Eduardo Zúñiga

Ése fue mi primer espacio confidente, beneficioso por las horas que allí pasaba. Leía cuanto me rea posible y dibujaba escenas de las historias que me gustaban. Había calma, esa condición importante para entrar en las galerías de la conciencia. Escribió Rilke en un poema: «La noche es mi libro»; pero alguien, un niño, podría decir: «La calma es mi libro». Sentía la necesidad de sosiego porque la cristalización del silencio, de la quietud, de las ausencias, de la atmósfera del libre pensamiento hacía que todo ayudase no sólo a divagar sino a inquirir tal como se pasan las hojas de un libro: se releen párrafos y se busca otro capítulo con el deseo de entender y hacer nuestro un pasaje. El pensamiento puede ir y venir pero la paz lo protege, lo mantiene. (Juan Eduardo Zúñiga; Recuerdos de vida; Galaxia Gutenberg, pag. 16-17)

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