Libros que merecen una segunda vez

La periodista Elena Sierra solicitó mi opinión y la de otras personas (Elia Barceló, Juan Casamayor, Rosa Beltrán) sobre libros que merecen una segunda vez.

Hoy se ha publicado el artículo en El Correo.

Os dejo aquí el breve texto que mandé en su momento y del que se recoge parte del mismo en el artículo.

Si aceptamos el texto, el libro como el punto medio o de encuentro entre un autor y quien lo lee. Si aceptamos también nuestra propia vida cambiante y el momento de la lectura como un tiempo relacionado y situado en unas circunstancias vitales concretas que hoy son distintas a las de ayer y también a las de mañana es claro que no existen dos lecturas que sean exactamente iguales.

Sí que hay, por lo menos eso creo, lecturas, libros que en un momento nos fueron evocativos, nos gustaron, conmocionaron, asombraron, nos cuestionaron, nos removieron en nuestra zona de confort, nos resultaron particularmente gratificantes y siguen, a veces, esperando en nuestra estantería o en la de un alguna persona cercana una posibilidad de reencuentro…

Tiendo ahora, cada vez más a mezclar entre mis lecturas textos nuevos, textos que están en mi estantería sin leer y libros leídos que creo pueden merecer una nueva lectura. Nueva en la medida en que yo siendo el mismo, soy otro.

Así que mis tres próximas nuevas-segundas lecturas serán las de Sten Nadolny; El descubrimiento de la lentitud; Edhasa motivada por una referencia al mismo que encontré en el blog de Elena Rius (Notas para lectores curiosos) en el que hablaba sobre el Elogio de la lentitud El segundo libro para segunda lectura lleva precisamente ese título Elogio de la lentitud, de Carl Honoré, editado por RBA. Se cruzó entre mis lecturas de fin de semana un artículo de Enrique Pallarés en el que hablaba de este título y un familiar obligado a vivir más lento que me lo reclamaba y ha quedado así anotado para una segunda vuelta cuando ella acabe la primera. En breve me visitará una amiga escritora. El encuentro en unos días con ella me ha movido a la otra lectura. La de Pizca de sal de Alejandra Díaz-Ortiz y editado por Trama editorial. Abro al azar y leo: Ni en el amor ni en la cocina (añado yo: ni en la lectura)se debe ir con prisas…

Me doy cuenta que aunque con motivos distintos las tres son invitaciones a un ritmo-tempo lento…

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