Prisa, aceleración… Remedios Zafra, Judy Wajcman

En estos tiempos de mensajes rápidos nadie opta por lo que exige tiempo. Nadie se detiene en el proceso. La prisa es uno de los grandes inventos capitalistas y funciona.

El universo visual que nos envuelve como la verdadera piel colectiva, seduce como convence. Y por ello el estímulo primero es siempre el impulso, lo emocional e intuitivo que anima a: «comprar un portátil para ser escritor», «comprar unas zapatillas para ser deportista», «comprar una cámara para dirigir películas»…

La pasión es sintetizada para viajar rápido y llegar fácilmente, reducida a su dimensión comercial, a su inicio y final, enmascarada de fe y expectativa en cada uno de nosotros, cuando nos sentimos indecisos o perdidos. El camino de luces nos guía y como suele pasar cuando las cosas brillan en exceso, esconden a su alrededor un contraste de sombres y penumbras. (Remedios Zafra; El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital; Anagrama, pag. 194)

Hace casi cien años, el economista John Maynard Keynes imaginó que, a comienzos del siglo XXI, en Occidente solo tendríamos que trabajar tres horas al día para cubrir todas nuestras necesidades. Esperaba que, a la larga, el constante incremento de la productividad derivado del progreso técnico solucionaría el problema económico de satisfacer las necesidades materiales de la humanidad con una fracción del esfuerzo laboral entonces requerido. La abundancia de tiempo así liberado -esperaba Keynes- llevaría a un momento en que la actitud espontánea y alegre ante la vida entonces limitada a los artistas y espíritus libres se extendería a toda la sociedad en su conjunto.

En cambio, parece haber ocurrido lo contrario. Las máquinas no nos han liberado del trabajo de la forma pronosticada por Keynes. La velocidad sin par de la computarización, las telecomunicaciones y el transporte, que se esperaba que liberara tiempo humano, paradójicamente se ha visto acompañada de una creciente sensación de falta de tiempo. Lejos de habitar en un mundo donde el tiempo abunda, la vida cotidiana parece más apurada. Aunque los detalles de la escasez de tiempo varían de manera sustancial entre los diversos grupos socioeconómicos, como cultura tenemos una experiencia común de empobrecimiento temporal. Ese es el enigma que he estado explorando, que vivimos en una sociedad de la aceleración en la que el incremento tecnológico no produce más tiempo libre y tiempo de inactividad, sino, de hecho, un ritmo de vida cada vez más rápido. (Judy Wajcman; Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital; Paidós, pag. 229-230)

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