Ajetreo vital. Judy Wajcman

Según el discurso dominante, nuestra ubicua sensación de ajetreo tiene perfecto sentido en la medida en que habitamos una sociedad de alta velocidad. Nuestra era está obsesionada por la velocidad: coches más rápidos, trenes más rápidos, banda ancha más rápida, y hasta citas más rápidas. La velocidad es sexi, y los dispositivos digitales se nos venden constantemente como instrumentos eficientes que ahorran tiempo y que promueven un estilo de vida emocionante y lleno de acción. En ninguna parte resulta esto más evidente que en el software Siri del iPhone, que te permite «usar tu voz para enviar mensajes, programar reuniones, hacer llamadas telefónicas y mucho más», mientras – sugiere el anuncio- conduces o haces ejercicio. De manera similar, se comercializan pulseras autoconectables que lo registran automáticamente todo, desde el ritmo cardíaco y las pautas de sueño hasta las fluctuaciones del estado de ánimo, para poder llevar una vida ajetreada andando de un lado a otro. Nuestra obsesión por hacer más cosas a la vez es sintomático de nuestro frenético ritmo de vida. (Judy Wajcman; Esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital; Paidós, pag. 32)

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