La persona enferma. Lydia Flem

En cierto modo, mi madre nunca dejó de ser una niña. Un enfermo siempre está a la escucha de su cuerpo, de sus sensaciones corporales, cualquier cosa le inquieta, le importuna. Todo gira en torno a la enfermedad –y al miedo a morir, aunque mi madre había estado a punto de morir tantas veces que decía que no lo temía. Ella era el centro de atención, de la suya y de la de mi padre. (Lydia Flem; Cartas de amor heredadas; Alberdania, pag. 23)

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