Enseñamos lo que somos. Carlos Lomas

Siempre enseñamos lo que somos porque cuando entramos en un aula, en el salón de clase, entramos no solamente con nuestro cuerpo, con toda nuestra presencia física, que también es un elemento no verbal importante, sino también con nuestra ideología, con nuestra manera de entender las relaciones humanas, con nuestra manera de ver a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes, y en consecuencia al entrar a clase trasmitimos afecto o distancia, pasión o indiferencia, y eso a la postre influye en los alumnos y en las alumnas tanto o más que nuestro dominio científico de una disciplina. Hay personas que con un dominio insuficiente de la disciplina, tal como se entiende en el ámbito universitario, son magníficos profesores y profesoras porque les importa su trabajo, porque se comprometen con él, porque les importan las alumnas y los alumnos, porque les transmiten pasión, porque los respetan. Y todo esto genera tanto o más aprendizaje que el conocimiento académico del tema que se traduce en una enseñanza apática, autoritaria, edificada sobre los cimientos de la indiferencia, del desprecio y del menosprecio a los alumnos y alumnas. (Carlos Lomas en Juan Domingo Argüelles; Historias de lecturas y lectores; Paidós, pag. 237-238)

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