Objetos mágicos los libros, fetiches para la incertidumbre en su sencillez física y en sus gigantescos posibles efectos. Juan Eduardo Zúñiga

Ayer falleció Juan Eduardo Zúñiga.

El libro siempre desencadena gratuitas divagaciones que pueden ser fructíferas, y divagación es el proyecto creador de una obra al inventar vidas, explicar qué les ocurrió verdaderamente, volver a los semiolvidados antepasados. Súbitamente la pluma se detiene, el pensamiento calla y un terrible mutismo desespera al que pretende llenar la hoja, porque sabe que un lector espera algo que le asombrará o le va a satisfacer, algo que le estimulará.

Porque los libros mantenían vivo y prestigioso un ideal que las imposiciones cotidianas oscurecían y obligaban a posponer; eran apoyo a una difícil vocación incipiente que a veces parecía irse a perder y extinguir bajo el apremio de tareas diarias tan opuestas, tan imperiosas. Pero soslayando impedimentos de amenazadoras manos y acusaciones, salvé en mi conciencia todos los libros. No sólo los que informaban a mis aspiraciones, sino también los otros, pues incluso éstos podían dar una inesperada idea útil o realista.

Objetos mágicos los libros, fetiches para la incertidumbre en su sencillez física y en sus gigantescos posibles efectos: exaltan, entristecen, embriagan; todo ello en la sutil área de las ideas, de la mente. Y a la vez, alimento no perecedero, que permite múltiples digestiones. Al pasar sus páginas sorprende que no sacien el apetito sino que lo aviven y el número de opíparos banquetes anuncia otros aún mejores, tal como en el amor, donde siempre prevalece la promesa del cuerpo hechizado.

Cabe pensar que muchas heridas del alma puedan encontrar un libro que, con un personaje, con un párrafo o con dos palabras, ponga el alivio que no darán remedios medicinales. Otros libros, por la presión de sus razonamientos, alcanzarán a mover el ánimo de un grupo. Y hasta podemos aventurar que ejerzan una influencia en la mecánica de las costumbres. No maestros de sueños sino maestros de vida, con la enseñanza de que la literatura debe perseguir el espíritu de la época y describir la frondosidad del alma de todos nosotros. (Juan Eduardo Zúñiga; Recuerdos de vida; Galaxia Gutenberg, pag. 117-118)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .