Memoria y olvido con Todorov de fondo. José Ramón Recalde y Evgeny Morozov

Memoria, desmemoria, olvido, memoria frágil, son términos que expresan nuestra debilidad ante nuestro pasado. No somos dueños ni de nuestro recuerdo ni de nuestro olvido. «Lo lamentemos o no, no podemos elegir entre recordar y olvidar», dice Tzvetan Todorov en su libro Memoria del mal, tentación del bien. Aunque la capacidad de olvido, más que la de recuerdo, ¿no estará revelando un desconcierto en nuestro enfrentamiento al pasado?

La memoria deja, de todos modos, unos datos de los que ha quedado despojada la sustancia viva. Algo que ya expresaba un personaje de Juan Benet en Volverás a Región: «Es casi siempre la venganza de lo que no fue, aquello que fue se graba en el cuerpo en una sustancia a donde no llegan nuestras luces». (José Ramón Recalde; Fe de vida; Tusquets, pag. 14-15)

Como señala Todorov, la memoria no es lo opuesto al olvido. En lugar de ello, es el resultado de una compleja interacción entre la desaparición (u olvido) y la conservación: dos fuerzas que tironean de nuestra mente en direcciones opuestas todo el tiempo. Así, es imposible pensar en la memoria sin la selección; cuando “recordamos” un suceso, significa que conservamos solo algunas de sus características, mientras que dejamos de lado muchas otras. A veces, esto sucede de inmediato, otras veces, sucede luego de un tiempo y no es un proceso muy consciente. Por ello, señala Todorov, “es desconcertante que a la capacidad de las computadoras de almacenar información la llamemos ‘memoria’, dado que estas no contienen una característica fundamental de la memoria, la capacidad de selección”. En otras palabras, la conservación o el almacenamiento de información sin selección no es memoria, al menos no en el sentido que le damos al término cuando hablamos de la condición humana. O, como dijera el antropólogo francés Marc Augé en su memorable frase: “Los recuerdos son moldeados por el olvido como el mar moldea los contornos de la orilla”. Una vez que se ha establecido la diferencia entre preservar y recordar, es posible dar cuenta de cómo la primera puede socavar la segunda. Podría ser que cuanto más se preserva, menos se recuerda. (Evgeny Morozov; La locura del solucionismo tecnológico; Katz, pag. 309)

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