Arrugas. Alda Merini

Déjame tocar ese rostro tan bonito, leer tu infancia.

Hay huellas, rastros de lágrimas, ríos de sangre. Me gustaría preguntarte cuántas veces has llorado y cuántas veces sonreído. Estoy convencida que, de niño, la piel se te contrajo por el espasmo del deber hacia la vida.

¿Crees Guido, que un niño tiene la obligación de llorar y morir en sus pequeños juegos? ¿Crees, Guido, que todo niño tiene que alzarse hasta la altura de la mesa y descubrir que para apoyar el mentón hace falta echar la primera arruga?

En su anhelo por arrancar el secreto de nuestro rostro, no se da cuenta de que poco a poco, al hacerse mayor, comienza a usar la máscara del silencio. No sabe, Guido, que día tras día vomita y pierde el alma. Hasta que acabe como nosotros, una máscara aparentemente alegre y, por lo general, bastante falsa. (Alda Merini; La vida fácil. Silabario; Trama editorial, pag. 24)

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